jueves, 20 de octubre de 2011

Habitación 816

El día 12, coincidiendo con el día del Pilar, quedaste ingresada de nuevo en aquel hospital de Cádiz para no volver nunca más a casa con nosotros. A la vuelta de una semana, cuando consiguieron controlarte por fin esos horribles dolores de cabeza, ya con morfina, te derivaron y subieron a la Unidad de Cuidados Paliativos, en la octava planta, en la habitación 816 –jamás se me olvidará ese número-. ¿Qué era la UCP? Por su nombre no es difícil de imaginar. A nosotros nadie nos explicó nada. Pero lo fuimos descubriendo a medida que pasaban los días. De momento allí subimos los tres contigo. A esperar ¿qué? No lo sé. En principio esperábamos el milagro. Luego ya… esperábamos verte dejar de sufrir.
Diente de león
A partir de ese momento no recuerdo cuándo cambió todo, Susana. Sólo me acuerdo de esa gran incertidumbre que se apoderó de papá, mamá y de mi, por no conocer tu suerte. Y luego, ese miedo terrorífico que nos iba invadiendo cuando íbamos conociendo esa suerte. Cuando, poco a poco, día tras día, nos percatábamos de que esa maldita suerte no la podíamos cambiar nosotros. Y ¡qué impotencia!, hermana.

Al principio, en aquella habitación 816, tú no conocías la gravedad de la situación. No fue premeditado ni un pacto propiamente dicho, pero los tres enfrentamos de igual manera aquella situación. Cómo decirle a una hija, a una hermana que se está muriendo, cuando nosotros mismos no éramos capaces de aceptarlo. Cómo decirte, Susi, que lo que esperábamos allí era tu final, que ya no nos verías más, ni podrías cuidar de tus pequeños, ni volver a verlos. Cómo decírtelo.

Todo eso era tan duro. ¿Cuándo dejaste de hablarnos, Susi? ¿Y de mirarnos? ¿Y de moverte? No lo recuerdo con exactitud. Tan pronto hizo estragos el tumor, con qué poquitas migajas de ti nos tuvimos que conformar. En aquella habitación te mantuvimos aislada de todo y de todos. Y también repleta de AMOR.  Del mayor AMOR que pudimos darte. Qué menos, si otra cosa no podíamos hacer. Que menos que dedicarnos a ti en cuerpo y alma durante esos, casi dos meses.

Aquella maldita habitación fue testigo de tanto sufrimiento. Allí dentro tuvimos que tomar las decisiones más duras de nuestras vidas. Era tan duro dejar cada noche a papá y a mamá en tu habitación, pasando las horas allí, contigo, los dos juntos en la cama de al lado, descansando sus cuerpos agotados, pero sumidos en un sueño demasiado ligero y sobresaltado. Escuchando tan sólo el ruido de las suelas del calzado de las enfermeras del turno de noche al recorrer el pasillo y el sonido de tu respiración, a veces acompasada, a veces angustiosa –cuando sufrías alguna crisis-. Y rezando, seguro, para no dejar de escuchar ese sonido. Para que amanecieras a salvo. Un día más. Ese era mi mayor temor en aquellos momentos, que te fueras a ir de noche. Después de todo lo que estábamos pasando, quería estar contigo cuando llegase el final y ¡gracias, Susi!, me lo concediste. ¿Lo sabías verdad?

La imagen de ti en aquella cama, inmóvil, con un cuerpo que no parecía el tuyo, tus brazos doblados constantemente contra tu pecho, tus manos, tu piel dañada por los pinchazos diarios y esa expresión en la cara tan diferente, tan desconocida para nosotros… la guardo para mí, tan profundamente, tan dentro de mi ser que espero no vuelvan a mis pensamientos esos recuerdos tan amargos.

Hace poco leí un libro, “Viajeros en tránsito”, -lo recomiendo a todo aquel que haya sufrido o esté sufriendo una pérdida y se encuentre desorientado-. Cuenta, entre otras muchas cosas, que la persona que está esperando la muerte elige cuándo irse. A mi no me cabe duda de eso ahora. Cuando nosotros fuimos conscientes de ello, cuando entendimos, por fin, que así no podías seguir, aunque egoístamente no queríamos que te fueras, te pudiste ir. Y yo lo supe. No se cómo, pero lo supe. La madrugada del 29 de noviembre, mientras dormía a Adrián en mis brazos, ya pasadas las 12:00 de la noche, dije en voz alta: “hoy es el día”. Y esa misma mañana me despedí de ti.

Eva Suplet Gallego,  "Hace poco, mientras dormías..."
Más información: http://www.bubok.es/libros/176282/Hace-poco-mientras-dormias

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