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lunes, 8 de octubre de 2012

El Dios de las pequeñas cosas

Macetas de Plantas y Flores en La Ermita... En La Janda Litoral

Había pasado un mes y medio desde que conocimos a María -83 años- en nuestra consulta. Se marchaba de alta a casa. Una insuficiencia renal secundaria a un tumor la había hospitalizado dos semanas, estabilizada pero sin más opciones de tratamiento fue derivada a Cuidados Paliativos.  Estaba contenta, regresaba a Mina Concepción, su aldea, a 30 kilómetros de todo.
Uno de Los Patios de La Ermita... En La Janda Litoral

María apenas sabía leer y escribir, siempre trabajó en el campo y en la casa. Su marido Juan fue minero y ahora un huerto al lado de casa ocupaba su tiempo. Llevaban 60 años casados.
Fue la tercera llamada que José –médico de pueblo- nos hacía en relación con la paciente. María se encontraba bien, sus síntomas estaban controlados y sus hijas la tenían excelentemente cuidada. José, su médico, la encontraba en su visita semanal sentada en el porche rodeada de sus macetas. Desde el alta,  siempre que D. José aparecía por su casa María le preguntaba ¿Cuándo van a venir los “paulatinos”?  Esa era la razón por la que nos llamaba. Se le acababan las excusas, sabía que una visita nuestra no estaba justificada de momento pero José –médico de pueblo- creía que teníamos que ir.
Los “paulatinos” hicimos coincidir nuestra visita con la de su médico,  nos juntamos los tres. María llevaba en el porche de su casa desde las 10 de la mañana, nos esperaba. Su casa era humilde, pero acogedora y digna como solo la gente sencilla puede lograr.   El porche ofrecía sombra y las flores y la sonrisa de nuestra paciente completaban la escena. La palabra “Paz” es la que definía lo que se sentía.
Pequeño huerto urbanoMaría se encontraba bien, había perdido peso y el apetito era escaso pero los síntomas se lograban controlar con el tratamiento. Nos sentamos a conversar y a escuchar. No llevábamos 20 minutos cuando Juan –su marido- apareció, había salido temprano y esperando nuestra visita nos traía, recién cogidos de la huerta, unos fantásticos tomates. Cinco minutos después los tomates estaban abiertos y aliñados para nuestro disfrute. El sabor de los tomates de la huerta de Juan esa mañana de agosto fue insuperable. La visita a María fue insuperable, uno de esos momentos en los que tu mente hace una foto que pasa a formar parte de tus recuerdos.
Tomates cherry de la huerta
La historia de María terminó tres semanas después de nuestra visita. Como llegará a su fin la historia de todos. Desde María, aunque oficialmente seguimos siendo el Equipo de soporte de Cuidados Paliativos, yo soy el enfermero de “los paulatinos”   y este año, en mi jardín tengo plantado algunos tomates. A lo mejor consigo un sabor parecido  al que disfrutamos en Mina Concepción.

Sebastián Serrano López

martes, 24 de julio de 2012

Miradas de un escritor sobre los profesionales de la salud: experiencias en primera persona

Las casualidades existen y no es una mera expresión; hace unos años llegó a mis manos por casualidad un libro diferente, especial. Fue imposible no leerlo sin descanso, para volver a releer unos días después y tomar la decisión de conocer al autor en cuanto fuera posible. La oportunidad surgió en el marco del III Congreso de la Sociedad Andaluza de Enfermería en Cuidados Críticos celebrado en Cádiz, en el año 2003. Carlos Garrido acudió como conferenciante para contarnos su experiencia con la enfermedad, el sistema sanitario y los profesionales con los que trató. La experiencia de Carlos Garrido sobre la enfermedad y su visión sobre las relaciones entre pacientes, familias y profesionales de la salud no procede de la ficción.

Para ver la entrevista a Carlos Garrida pincha en este enalce:
 http://www.dailymotion.com/video/xc90y3_muerte-y-duelo-te-lo-contare-en-un_school

TE LO CONTARÉ EN UN VIAJE es una novela basada en hechos reales y escrita en primera persona. Hay muy pocas personas que hayan sabido extraer del sufrimiento por la pérdida de un ser querido sentimientos y emociones positivas para el porvenir. Carlos Garrido es una de esas personas. En el verano de 1997, la vida de este escritor y periodista catalán sufre un vuelco terrible cuando a su hija Alba, de veinte años, se le diagnostica un tumor maligno en el cerebro. Ya no le será posible regresar a lo que era y pensaba antes de asumir el enorme obstáculo que el destino alzaba frente a él. Al contrario, su papel de padre revestirá desde entonces una significación especial. Luchará a brazo partido para que la vida de Alba no se resuma en el abismo de una enfermedad. Para que ella mantenga la voluntad de vivir, para que no pierda la esperanza, para que se enfrente a su vida breve con la plenitud y el saber de una mujer madura que todo lo ha conocido. Alba es la protagonista, y su padre el narrador que la acompaña hasta el momento en que deben separarse. TE LO CONTARÉ EN UN VIAJE es un testimonio vívido en el que cabe la sonrisa, la admiración, el entusiasmo, la sorpresa, la música y la emoción. Pero para llegar a ese punto el padre y la hija cambiaron mucho, transformando su relación en increíblemente estrecha y única. Hasta el extremo que el libro que hubiera querido escribir su hija lo acabó escribiendo él para hablarnos de aquellos momentos inasibles, de comunicaciones mágicas, de sueños con niñas y mariposas, de presentimientos que aciertan más que la razón. Y sobre todo, de la potencia balsámica del amor.
El pasado 15 de Junio, tuvimos la oportunidad de charlar con Carlos tras la conferencia que se celebró en la Biblioteca Villaespesa de Almería; allí nos contó que  “Este libro no tiene nada que ver con lo que había publicado hasta ahora. Escribirlo no es una terapia, sino un imperativo moral». El escritor y periodista ha recreado la magia de las Baleares, la Cataluña de los Iberos, las diosas de la Antigüedad, la figura de Homero y las piedras de Empúries. Está acostumbrado a evocar cosas del pasado hasta aquel verano del 97, en el que el presente puso ante él la más cruel de las noticias. Comenzaba el calvario de la cirugía, la quimioterapia y las esperas en los hospitales. Diagnósticos médicos y presagios. Alba murió un 3 de marzo de 1999 y Carlos decidió reflejar aquella experiencia que cambió su concepción sobre la enfermedad y la muerte en el libro que nos ha presentado. «Te lo contaré en un viaje» es el título que había pensado Alba para un libro que no llegaría a escribir. «A partir de entonces, yo empecé a tomar notas. A veces, en circunstancias muy dramáticas». Carlos no busca la compasión ajena. La enfermedad y muerte de la hija es asumida como «una forma de conocimiento que, más que recrear momentos tristes, quiere transmitir una honda reflexión».

En los hospitales, constató que «la enfermedad es una experiencia humana, que se puede vivir más a fondo en dos semanas que en noventa años, algo que no se entiende en la sociedad del éxito: nuestra cultura es artificial porque elude la muerte y el dolor». En los pabellones de Oncología, descubrió «una forma de humanidad distinta». En estas situaciones, añade, «el amor es lo más importante». Ante la muerte de un ser querido, el pensamiento y la razón no sirven: «El escenario donde actúan las verdades es el corazón. La empatía emocional es básica». En cuanto a los médicos, «son más eficaces cuando tienen mayor capacidad de afecto. Los que no se implican y se limitan a las estadísticas transmiten una imagen patética». Acompañar a un ser querido hasta el final «no deja una sensación de pérdida: el espacio afectivo sobrevive». El «reportero de la Antigüedad», Carlos Garrido entiende ahora mucho mejor el mundo antiguo: «una comunión emotiva y humana que hoy es muy difícil encontrar».

Para más información podéis consultar en
Por Mª del Mar Rodríguez Salvador. Enfermera de Familia. UCG Virgen del Mar. Distrito Sanitario Almería